Este reporte documenta el deterioro del Estado de derecho y la institucionalidad en Honduras durante las últimas dos décadas, evidenciando un sistema que favorece el clientelismo y la falta de rendición de cuentas:
- Impunidad y Parálisis en la Justicia: Honduras se mantiene en los últimos lugares a nivel global, ocupando la posición 157 de 182 en el Índice de Percepción de la Corrupción. El sistema judicial falla en sancionar los delitos: en 2025, de 2,148 denuncias por corrupción, solo se lograron 6 sentencias condenatorias (una tasa de judicialización de apenas el 2.4%). Esto no disuade la corrupción, sino que normaliza la impunidad.
- Costo del Clientelismo y Opacidad: El despido y contratación de empleados públicos por afiliación política le cuesta caro al país; el pago de demandas laborales y procesos judiciales contra el Estado concentra el 76% de la ejecución de siete instituciones. En el Congreso Nacional reina la opacidad: se gastaron L 783 millones en subvenciones (8% de su presupuesto) y L 1,795.8 millones en «fondos sociales» sin ningún reporte público de sus beneficiarios reales.
- Deterioro Democrático y Electoral: Honduras ha caído en la clasificación de The Economist hasta convertirse en un «régimen híbrido», acercándose peligrosamente al autoritarismo. El sistema fomenta una cultura donde el 67% de la población cree que el rol de los diputados es «gestionar ayudas» en lugar de crear leyes, y al menos 1 de cada 8 ciudadanos reportó que le ofrecieron beneficios (dinero, trabajo o reparaciones) a cambio de su voto.
- Ruta de Reformas Urgentes: El documento concluye que Honduras no sufre por falta de leyes o diagnósticos, sino por falta de voluntad política.
- Recomienda tres acciones inmediatas:
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- Servicio Civil: Establecer concursos por mérito para frenar los despidos políticos.
- Compras Públicas: Implementar un portal de datos abiertos en tiempo real (Honducompras conectado a SIAFI) para evitar la corrupción en las compras directas.
- Sistema Electoral: Despartidizar las áreas técnicas del Consejo Nacional Electoral (CNE) y el Tribunal de Justicia Electoral (TJE), y garantizar un sistema de resultados electorales (TREP) propio y transparente

